En la “historia oficial” el papel de los comunistas ha sido distorsionado. No son reconocidos, por ejemplo, los aportes culturales a través de los mejores representantes de la literatura o el arte a nivel nacional, ni la lucha constante contra dictaduras por mayores libertades democráticas, tampoco nuestro sacrificio en la lucha contra el terrorismo de Sendero Luminoso. La verdad histórica es reemplazada por el relato de las clases dominantes, sus partidos políticos y medios de comunicación: los comunistas y sus símbolos son sinónimo de terror y muerte. A 30 años del triunfo electoral de Alberto Fujimori, que inició una larga noche autoritaria y consolidó el modelo neoliberal en nuestro país, es un buen momento para recordar y revalorar nuestro carácter profundamente democrático.

Golpe de abril de 1992: Luchar entre dos fuegos.

La convulsión del 5 de abril de 1992 encontró a la izquierda y dentro de ella, a Patria Roja, en una situación compleja luego de más de 10 años de soportar la ofensiva senderista, que costó la vida de varios militantes y que fue excusa para la represión brutal y la estigmatización contra la izquierda. Era momento de la caída del Muro de Berlín como símbolo del fin del “socialismo real”. La disolución de la Unión Soviética agilizó el dominio total del mundo por parte de Estados Unidos (EEUU).

A pesar de este escenario, la izquierda contaba con una importante presencia parlamentaria. En 1985 la izquierda fue la segunda fuerza nacional electoral e incluso accedió a la segunda vuelta de la elección presidencial. En 1990 esta presencia disminuyó por nuestros errores. Se produjo la división entre Izquierda Unida e Izquierda Socialista. Aun así, era una fuerza relevante que llevó, por ejemplo, a César Barrera Bazán, dirigente de Patria Roja, a la Vicepresidencia de la Cámara de Diputados, hasta el golpe del 05 de abril de 1992.

La ciudadanía estaba harta, las instituciones se encontraban desprestigiadas, el terrorismo golpeaba, la economía estaba destruida por el primer gobierno aprista, los partidos políticos estaban mal vistos, incluidos los de izquierda. Fujimori y su camarilla aprovecharon esta situación en beneficio de su interés. El autogolpe no tuvo mayor resistencia popular. Ese domingo los locales sindicales amanecieron intervenidos por fuerzas militares, los parlamentarios y personalidades de oposición fueron detenidos o retenidos en sus propios domicilios, y así iniciaba una etapa que un sector de derecha añoraba hace años: la implementación brutal del neoliberalismo amparados por un gobierno militarizado que implementaba sistemáticamente la destrucción del movimiento social y la izquierda.

En las universidades, docentes universitarios, trabajadores y estudiantes de izquierda, fueron expulsados. Con la complicidad del senderismo a las intervenciones militares en las universidades, la militancia de Patria Roja fuera separada arbitrariamente de la universidad peruana. Años después, luego de complejos procesos judiciales regresaron a sus puestos de trabajo algunos de nuestros compañeros.

La resistencia al fujimorismo y la desaparición de diversas organizaciones de izquierda

Los partidos de izquierda fueron desapareciendo bajo la hegemonía del discurso neoliberal, derrotados, absorbidos o neutralizados. En Patria Roja no fuimos ajenos a esa crisis, facilitada por el papel nefasto del terrorismo de Sendero Luminoso.

La reconstrucción de la cultura política peruana post autogolpe ya no tuvo a la izquierda marxista como un referente legítimo de los sectores populares, sino como sinónimo del terror. La captura de Abimael Guzmán, fruto del trabajo del GEIN y no de la cúpula fujimontesinista, además de la mejora de la economía, producto de la inyección de capital externo a través de endeudamiento y privatizaciones de empresas estatales, junto a la flexibilización de derechos laborales y de estándares de calidad; dieron legitimidad al gobierno fujimorista. Ya eran conocidas una serie de violaciones a los derechos humanos, asesinatos y crímenes, pero la articulación orgánica de medios de comunicación, la mayoría parlamentaria fujimorista y un poder judicial cooptado por la mafia blindaron cualquier investigación seria de este tipo de casos.

Lo que quedaba de la izquierda participó en 1995 de las elecciones generales, con Agustín Haya de la Torre a la cabeza, siendo elegidos dos parlamentarios: Rolando Breña y Javier Diez Canseco. Ambos, en batalla solitaria, confrontaron con el régimen fujimorista de la manera más firme y consecuente.

La corrupción lo penetró todo, el poder judicial, los medios de comunicación, las fuerzas armadas, los partidos políticos. La famosa “salita del SIN” fue el lugar de estos lamentables encuentros, pero la izquierda puede reivindicar un hecho irrefutable: Ninguno de sus representantes pasó por ahí.

La resistencia de Patria Roja se expresó a partir de tres sectores sociales: el magisterio, las rondas campesinas y el movimiento estudiantil y juvenil a través de Juventud Popular (JP) y la Federación de Estudiantes del Perú (FEP).

La movilización de estos tres espacios fue vital en su aporte al debilitamiento del régimen dictatorial que llego a su auge en la denominada Marcha de los 4 Suyos, lastimosamente capitalizada por Alejandro Toledo.

¿Anti Democráticos?

Tenemos una ardua labor frente al relato hegemónico actual, que muestra a los comunistas como sinónimo de terror y violencia, una fuerza anti democrática por excelencia. Y esa es una gran mentira. La izquierda puso los muertos frente al terrorismo senderista y durante las más sangrientas dictaduras que ha vivido nuestro país, luchando por recobrar libertades democráticas, mientras la derecha nacional negociaba con cuanto caudillo militar se imponía en Palacio de Gobierno por las armas.

Alberto Moreno, Presidente de Patria Roja, sintetiza este espíritu en su intervención ante la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR):

“Nos hemos mantenido en la lucha y persistido en la defensa de nuestros ideales; así como asumido con firmeza la defensa, en los momentos más difíciles, de la democracia, de la dignidad nacional, de los derechos humanos, de los intereses de los excluidos, de los trabajadores, de los jóvenes, de la mujer, de las poblaciones étnicas, de los marginados de la patria. Constrúyase una sociedad justa, una democracia sólida y participativa, un pueblo libre y soberano, una patria independiente que decida por sí su destino, un país con prosperidad creciente, una humanidad culta, fraterna y solidaria que se enraicé en esta tierra y en esta historia, que se abra al mundo desde su identidad.”[1]

Los militantes de Patria Roja no somos espontáneos anti-fujimoristas, ni ese es nuestro fin. Estuvimos, estamos y estaremos en la resistencia a la forma más brutal de implementación y reproducción del neoliberalismo en nuestro país. Es una cuestión de principios.

[1] https://www.cverdad.org.pe/apublicas/sesiones/sesion10b.php

Fuente:

Partido Comunista del Perú - Patria Roja

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