Viernes, 22. Junio 2018

Discurso pronunciado por Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en la inauguración de su Trigésimo Séptimo Período de Sesiones, en el Palacio de Convenciones, el 8 de mayo de 2018, «Año 60 de la Revolución».

(Versiones Taquigráficas–Consejo de Estado)

¿Cómo empezar?  Me late el corazón.  Me ha emocionado profundamente la actuación del grupo La Colmenita; en realidad, este homenaje hermoso que han brindado a la Cepal es algo histórico.

Excelentísimo señor Miguel Díaz-Canel, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba;

Querido secretario general de las Naciones Unidas, señor António Guterres;

Querido Francisco Guzmán Ortiz, jefe de la Oficina de la Presidencia de los Estados Unidos Mexicanos;

Saludo con mucho agrado y cariño a las señoras y señores miembros del Consejo de Ministros de Cuba, y especialmente a Ricardo Cabrisas, a Bruno Rodríguez y a Rodrigo Malmierca, sin ustedes no hubiera sido posible hacer este evento en Cuba, y a todos sus equipos, por supuesto;

Estimadas autoridades nacionales;

Estimados Señoras y señores del Cuerpo Diplomático;

Querida Consuelo Vidal, coordinadora residente de las Naciones Unidas en Cuba;

Querida embajadora Anayansi Rodríguez;

Representantes de organismos internacionales;

Queridos colegas del Sistema de las Naciones Unidas y de la Cepal;

Queridos colegas de la sociedad civil;

Y quiero saludar con especial afecto a nuestros queridos exsecretarios ejecutivos de la Cepal que nos acompañan hoy:  Enrique Iglesias, Gert Rosenthal, José Antonio Ocampo y José Luis Machinea (Aplausos).  Muchas gracias por estar aquí.

Amigas y amigos:

Quisiera, en primer lugar, extenderle a usted, señor Presidente Miguel Díaz-Canel, mi profundo agradecimiento, porque hemos sido recibidos con tal hospitalidad que sobrecoge el corazón, y la verdad es que la colaboración con la que Cuba, su gobierno y su pueblo han acogido este Trigésimo Séptimo Período de Sesiones de Cepal, y la conmemoración de los 70 años de nuestra institución es algo histórico.

Nos honra estar en Cuba, junto a este pueblo noble que ha labrado su propio y original destino, y yo quisiera decir, como cantara el poeta:  “Un largo lagarto verde, con ojos de piedra y agua”, nos abrió su corazón –eso no lo dijo el poeta–, eso lo decimos los cepalinos, nos abrió su corazón, nos contagió sus ganas y vimos con asombro y cariño y con qué orgullo “navega Cuba en su mapa” (Aplausos).

Nos compromete su presencia, señor Presidente, porque estamos conscientes de las enormes responsabilidades que tan recientemente depositara sobre usted la Asamblea del Poder Popular, como nuevo Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

Y quiero decir a nuestro querido António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, que su presencia nos emociona profundamente, significa mucho para nuestra región de América Latina y el Caribe, y es un testimonio del compromiso de nuestra organización, la grande, la de Naciones Unidas, ante la Cepal y sus Estados miembros.

Muchas gracias, señor Secretario, porque sé que hizo usted un enorme esfuerzo por acompañarnos este día (Aplausos).

Quiero rendir tributo y agradecimiento al gobierno mexicano, porque México nos brindó durante dos años su liderazgo en la presidencia de la Cepal.  Por su conducto, Frank Guzmán –como le decimos de cariño–, dígale, por favor, al presidente Enrique Peña Nieto, ¡gracias!, porque en su período, además, se creó el Foro de los Países de América Latina y el Caribe, un gran mecanismo regional que nos une, que nos convoca, que nos provoca.

Amigas y amigos:

Hoy seremos testigos del traspaso de México a Cuba en la presidencia de la Cepal, y esta circunstancia nos trae a la memoria otros hitos significativos que han tenido Cuba y México.  Uno de ellos en donde hemos sido protagonistas, por suerte, porque México fue el primer país de nuestra América Latina que en 1875 conoció la mirada curiosa y la inteligencia inusual de José Martí, que entonces tenía 22 años, y ahí en México se inspiró, porque inició su vocación periodística y desplegó sus cualidades literarias.

De esa experiencia mexicana también se alimentó esa voz vigente de aquel a quien Fidel Castro llamaba el autor intelectual del Asalto al Moncada.

Hoy vale la pena recordar una de sus reflexiones principales para nosotros y cito:  “El verdadero hombre”   –o mujer– “no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber”, y por eso estamos aquí, porque la Cepal es una voz auténticamente latinoamericana y caribeña, su historia institucional se entrecruza con los vaivenes de la historia de nuestro continente.  Nuestra labor ha sido y seguirá siendo brindar a los gobiernos y a los pueblos de la región, desde el respeto de su autonomía soberana, el apoyo pertinente, oportuno, riguroso y comprometido, para edificar un proyecto de desarrollo con horizonte claro:  igualar para crecer y crecer para igualar.

El caso de la cooperación con Cuba, señor Presidente, es singular.  Ayer lo analizamos a detalle, en el Día Nacional.  En particular yo quiero agradecer la confianza concedida a la Cepal para acompañar y apoyar la implementación de los Lineamientos de la actualización del Modelo Económico y Social que puso en marcha el Presidente Raúl Castro en 2011.

Este país que hoy nos acoge, y es justo subrayarlo, ensaya caminos propios de cara a los brutales costos humanos que ha supuesto durante más de 50 años la imposición de un bloqueo injusto. Nosotros lo evaluamos cada año, como Comisión Económica, y sabemos que este bloqueo le cuesta al pueblo cubano ya más de 130 000 millones de dólares, a precios corrientes, y que ha dejado una huella indeleble en su estructura económica.

Señor Presidente:

Esta es la reunión más importante de la Cepal, porque aquí llegamos nosotros a rendir cuentas ante ustedes.  Venimos a presentar el trabajo realizado, a recibir sus orientaciones y sus críticas.  Venimos a que los países que presiden nuestros órganos subsidiarios –y agradezco la presencia de muchos de los presidentes de los órganos subsidiarios–, van a presentar los informes sobre Estadísticas, Mujer, Población, Ciencia y Tecnología, Desarrollo Social, Planificación, la Cooperación Sur-Sur y el Comité de Cooperación del Caribe.

Compartiremos los resultados del Segundo Foro de los Países de América Latina y el Caribe, que se celebró hace apenas dos semanas en Santiago, y junto a nuestros secretarios ejecutivos visitaremos las estaciones de la rica historia de estas siete décadas de la organización al servicio del desarrollo de los países de la región.

Revisaremos los nuevos escenarios que plantea la cooperación Sur-Sur en el contexto de que se requiere una redefinición de la cooperación internacional, eso es verdad, más aún en una región en transición como la nuestra, que hoy es considerada y calificada como región de renta media.

A partir del 2010, la Cepal ha posicionado a la igualdad como un valor fundamental del desarrollo y como un principio ético irreductible y en sincronía con la creciente relevancia del tema en las demandas ciudadanas.

Hemos dicho que la igualdad está en el centro del desarrollo, porque provee a las políticas de un fundamento último centrado en un enfoque de derechos, con una vocación humanista que recoge la herencia más preciada de la modernidad.  Es también una condición propicia para avanzar hacia un modelo de desarrollo centrado en el cierre de brechas estructurales y en la convergencia tecnológica que nos permita avanzar a mayores niveles de productividad, con sostenibilidad económica y ambiental, pensando en las futuras generaciones.

Hoy damos un paso más y traemos a ustedes una propuesta y una apuesta, con propuestas de política que  hemos expresado en el documento denominado:  La ineficiencia de la desigualdad.

Afirmamos que la desigualdad no solo es injusta, sino es ineficiente e insostenible. Hemos traído evidencia empírica para mostrar esta afirmación, de por qué es ineficiente. No solamente desde el punto de vista social es inaceptable, sino desde el punto de vista económico es poco viable para el futuro.

¿Por qué afirmamos esto?  Porque genera y sustenta instituciones que no promueven la productividad ni la innovación, porque premian o castigan la pertenencia de clase, etnia o género, y porque genera una cultura del privilegio que refuerza estas desigualdades, que incorpora a las relaciones sociales la desigualdad como si fuera algo natural, como si fuera algo aceptable, y lo reproduce en el tiempo.

La discriminación cierra oportunidades y también representa la pérdida de trayectorias de aprendizaje y de innovación favorables a la productividad, especialmente en la discriminación de las mujeres.  El techo de vidrio que restringe el avance de las mujeres en sus carreras es también un techo a la productividad.

Hoy en nuestro continente la pobreza tiene rostro de mujer.  Un tercio de las mujeres latinoamericanas y caribeñas no logra generar ingresos y son económicamente dependientes, y cuando lo logran, su salario es significativamente menor al de los hombres en igualdad de escolaridad y de capacidades.

Los costos de las instituciones excluyentes son muchos, reparemos en las grandes pérdidas de productividad potencial que se devienen de la desigualdad de acceso a la educación y que ocurren en una generación y a veces en nuestra región se trasmiten a otras generaciones, intergeneracionalmente, y esto es especialmente grave en el contexto de la revolución tecnológica, en donde las capacidades –como decía Prebisch–, para absorber el progreso técnico endógenamente, son indispensables para competir y generar empleo.

Nuestra endémica heterogeneidad estructural es la fábrica de la desigualdad, hunde sus raíces en la cultura del privilegio, y emerge, justamente, en esa conjunción de estructuras poco diversificadas, de baja intensidad de conocimientos, con instituciones poco eficientes.  Por eso proponemos una senda, para transitar de la cultura de los privilegios a la cultura de la igualdad, para lograr estas tareas que se asocian, sin duda, al crecimiento y a la diversificación productiva con innovación.  Pero debemos y tenemos que expandir nuestros espacios fiscales para sostener capacidad de financiamiento y para proteger también a aquellos ciudadanos que van a ser marginados en el contexto de estas profundas transformaciones, sobre todo en el mundo del trabajo.

Apostamos a un nuevo régimen de bienestar, que esté fundado en unas finanzas públicas que transiten desde el actual rol de manejo de crisis hacia uno que esté orientado al desarrollo, sistemas tributarios progresivos y suficientes, incremento de la inversión pública que es la variable más castigada cuando hay un tema de consolidación fiscal, incremento en la inversión pública y de gasto social, para lograr justamente cerrar estas brechas estructurales.

Precisamos una macroeconomía para el desarrollo, que busque preservar. Sí, la estabilidad real es muy importante –y mis colegas hablarán de ello seguramente– en aquellas décadas donde era tan urgente preservar y llegar a la estabilidad real y la estabilidad financiera mediante políticas –lo han propuesto también mis antecesores– contracíclicas que protejan el papel dinamizador de la inversión pública.

Se requiere una lucha decidida contra la corrupción en la esfera pública como privada. Es triste ver cómo el 57 % de los latinoamericanos, en un estudio que acabamos de terminar con la OCDE y la CAF, que demuestra que el 57 % de la ciudadanía latinoamericana no confía en sus instituciones; tenemos que cambiar esto.  Por eso urge un mecanismo, instituciones renovadas que permitan una mayor fiscalización de parte de la ciudadanía:  Si pagar impuestos es un deber, fiscalizar el gasto público es un derecho.

Y, por cierto, es necesario retomar los debates de la Tercera Conferencia Internacional de Financiamiento para el Desarrollo, porque por más que intenten hacer los países una disciplina fiscal, una política fiscal nacional, será necesario establecer reglas fiscales globales para erradicar la transnacionalización de la evasión, la ilusión tributaria y acabar con el esquema de privilegios fiscales globalizados.

Queridos amigos:

El incremento de las tasas de inversión en América Latina sigue siendo una tarea pendiente.  Fíjense ustedes que los niveles de formación bruta de capital fijo se han situado por debajo de los niveles registrados en otras regiones, mientras América Latina se ha ubicado en torno al 20%, Asia Oriental ha alcanzado niveles muy altos, superiores al 30%, llegando a veces al 40%. Ya no lo podemos ignorar, la brecha en crecimiento entre estas dos regiones está muy ligada a la inversión y a la innovación.

Al iniciar esta nueva década de vida, señor Presidente, iniciarla precisamente con la presidencia de Cuba, la Cepal tiene mucha conciencia, plena conciencia de las complejas transformaciones que seguirán afectando a la región y al mundo.  Para enfrentarlas por la vía del multilateralismo, el Secretario General ha propuesto tres procesos de reformas que se están realizando:  la administrativa, la del pilar de desarrollo y la del sistema de paz y seguridad.

Las tres reformas son vitales, porque es la urgente necesidad de que el sistema de Naciones Unidas sea más asertivo, para efectivo, más descentralizado y que trabaje coordinadamente para apoyar a los países.  Se trata de estar mejor preparados para apoyarles a ustedes a implementar la Agenda 2030, para encarar los desafíos de la magnitud del cambio climático.

Por eso hoy queremos reforzar nuestra convicción y compromiso para proponer, para construir juntos con los Estados miembros, precisamente, este camino que tenemos que recorrer juntos, haciendo también una lectura precisa de lo que está ocurriendo en el presente. Porque es verdad que tenemos mejores perspectivas de crecimiento global, que hay mejor sincronía, más de 140 países creciendo a la vez; pero hay preocupantes contingencias e incertidumbres.

Estamos también alertas a confrontaciones comerciales entre los factores económicos globales, aunado al retorno de políticas más proteccionistas.
Vemos con inquietud el despliegue de una revolución tecnológica veloz, a la que nos cuesta mantener el paso y el ritmo, mientras dibuja amenazas potenciales al futuro del trabajo.

La Cepal en nuestra región ha proyectado para este año un crecimiento de 2,2 %. Estamos creciendo de nuevo después de un par de años de recesión, y también el comercio repunta levemente con mejores precios en materias primas; pero lo que es una tarea pendiente sí o sí es la integración regional.

Tenemos que seguir pugnando por una mayor integración regional, ya no solamente comercial sino productiva, como diría Noyola, con industrias integradas, con industrias de nuestra región.  Esto es más necesario que nunca, porque nuestra región, y es doloroso decirlo, que sin ser la más pobre y habiendo hecho avances en la última década, sigue siendo la región más desigual del mundo. Toda nuestra singular riqueza en recursos naturales y capacidades humanas sigue sin traducirse en una vida más digna para todos sus habitantes.

En este año pasado más de 187 millones de personas siguen viviendo en la pobreza y, de estos, 62 millones en la pobreza extrema.  Señal de alerta, porque nos hemos comprometido a eliminar la pobreza en todas sus formas al 2030.  Entonces tenemos que acelerar el paso y proponemos un gran impulso ambiental que propicie políticas industriales y tecnológicas que desplieguen el abanico de actividades productivas bajas en carbono como la energía renovable.

Proponemos así mayores integraciones de industrias nuevas, novedosas, digitales, tecnológicas que nos conecten, que nos enlacen, que nos enlacen por la vía de cadenas productivas, de cadenas humanas y que estimulen el crecimiento.

Una nueva generación de política fiscal con instituciones renovadas, para poder actuar en el campo social y asegurar que nadie se quede atrás.
La región debe superar un estilo de desarrollo que expresa ineficiencias ambientales y que está altamente expuesta al impacto creciente del cambio climático. Y la verdad que no hay que buscar muy lejos las evidencias, los eventos catastróficos recientes lo exhiben con claridad.

La parte más afectada de nuestra región, donde todos nosotros debemos solidarizarnos fuertemente es el Caribe, y justamente por eso en la Cepal hemos tomado la decisión de que en todas las sesiones de la Cepal siempre habrá una sesión del Caribe Primero, First Caribbean.  Esto es fundamental, porque la histórica magnitud de los huracanes Irma y María subrayan la urgencia de actuar y de actuar colectivamente.

Los costos económicos del cambio climático en la región, calculados por nosotros, la Cepal, al 2050 se sitúan entre 1,5 % y el 5 % del PIB regional.  En algunas naciones caribeñas, en el reciente desastre, este cálculo alcanza, incluso, cifras superiores al 100% del PIB.  Esto es lo que nos pasa en la región y sus impactos no son lineales, afectan de manera heterogénea en distintas regiones, períodos y de manera distinta a grupos sociales, especialmente los más marginados.

Por todo ello, resulta apremiante que la agenda civilizadora que entraña la Agenda 2030 tenga la igualdad en el centro, con una identidad y domicilio en América Latina y el Caribe, que desde nuestra historia, desde nuestra rica diversidad, desde nuestras esperanzas compartidas y desafíos comunes le demos rostro propio, instituciones nuestras y le imprimamos las urgencias que nuestra realidad reclama.

La Agenda 2030 perfila un camino para poner en marcha una nueva generación de políticas y de instituciones, un nuevo estilo de desarrollo y alcanzar un círculo virtuoso de crecimiento, igualdad y sostenibilidad.  Se lo debemos a las generaciones presentes y futuras, se lo debemos a los niños de la Colmenita que hoy nos han hecho llorar y bailar, y creo que es nuestra responsabilidad.

Somos posiblemente la primera generación que tiene más evidencias que nadie de los riesgos que tiene el mundo hoy, pero quizás podamos ser la última que puede resolverlas.

Señor Presidente, señor Secretario General, quiero agradecerles muy profundamente todas las muestras de afecto y reconocimiento institucional por nuestros 70 años, las recibo en compañía de los cuatro secretarios ejecutivos anteriores:  Enrique Iglesias, Gert Rosenthal, José Antonio y José Luis Machinea.

Yo quiero reconocer que, junto con ellos, ha sido posible tener una Cepal con liderazgo en la región.  A cada uno nos tocó un momento diferente, pero no cabe duda que estaremos de acuerdo, estoy segura de que los cinco estamos de acuerdo hoy, que liderar a la Cepal ha sido el mayor honor que nos ha deparado la vida.  Así que es así, señor Presidente.

Yo quiero terminar diciendo solamente que con miradas diversas, pero con idéntico compromiso, creo que podemos recordar a un entrañable cubano que es Nicolás Guillén, cuando nos decía con sabiduría y sencillez:  Tengo, vamos a ver, /que ya aprendí a leer, /a contar, /tengo que ya aprendí a escribir /y a pensar /y a reír.  Tengo que ya tengo /donde trabajar /y ganar /lo que me tengo que comer. /Tengo, vamos a ver, /tengo lo que tenía que tener.

Muchas gracias (Aplausos).
(Cubaminrex-Granma)

 

Fuente:

Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.

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