I

A comienzos de 2019 la oposición venezolana no representaba la menor amenaza para la estabilidad política del país. Después del fracaso rotundo de la aventura golpista, violenta y fascista de 2017, entró en una espiral indetenible de desmoronamiento político. Los rasgos que la caracterizaban para aquel momento eran 1) ausencia absoluta de dirigentes que pudieran convocar y movilizar unitariamente las organizaciones, los partidos y la base social opositora, 2) rechazo creciente de toda su dirigencia por parte de su base social, 3) división, fragmentación y conflictos internos, 4) descontento, desilusión y desmovilización de sus bases, 5) inexistencia de discurso propio y proyecto de país, 6) incapacidad para calar en los sectores populares y llegarle a las grandes mayorías del país, 7) pérdida de prácticamente todos los espacios de poder formal y legitimidad popular, 8) descrédito internacional.Ese cuadro significaba que las fuerzas políticas opositoras nacionales carecían en lo absoluto de la fuerza mínima necesaria para emprender acciones contundentes en contra del gobierno de Nicolás Maduro.

He allí la razón por la que Estados Unidos, consciente de esta realidad y consecuente con su empeño de derrocar la revolución bolivariana, diseña y fabrica el artefacto Juan Guaidó, el cual requiere, como combustible fundamental para existir y funcionar, la permanente inyección de oxígeno y fuerza concreta desde el exterior del territorio venezolano por parte del gobierno estadounidense, de las instituciones internacionales alineadas a sus intereses y de los gobiernos serviles a las élites del poder norteamericano.

Así, los más altos representantes del gobierno de los Estados Unidos asumen frontal y directamente, sin intermediarios, 1) la conducción de las acciones opositoras, el alineamiento y conducción del entramado diplomático y de presión política internacional contra Venezuela, 2) la operacionalización de su institucionalidad política, económica y militar para presionar y agredir a Venezuela, 3) la emisión permanente de discursos, órdenes y acciones de cara al derrocamiento del gobierno de Nicolás Maduro. La guerra híbrida que desde hacía años libraba Estados Unidos contra Venezuela desde la sombra, tras bastidores, sin poner la cara, pasa ahora a ser conducida y ejecutada, en todos sus ámbitos y niveles, directamente por el gobierno de los Estados Unidos, en las figuras de sus más altos funcionarios gubernamentales y en otros designados adhoc para las tareas concretas de la agresión a Venezuela.

Sólo así fue posible levantar una figura dirigente y darle relevancia nacional e internacional, lograr que las fuerzas políticas opositoras y su base social más radicalizada y proestadounidense se aglutinaran y tuvieran cohesión y unidad de acción. Era tal la ausencia de liderazgo, la desmovilización, el desencanto y la debilidad de las filas opositoras, que EEUU tuvo que asumir frontalmente ese liderazgo y transferirlo a algún dirigente opositor venezolano que ejecutara en el país las acciones por ellos diseñadas y dirigidas. Así, de ser un minúsculo y casi desconocido diputado del estado Vargas electo con menos de 100 mil votos, Juan Guaidó pasó a ser el ungido líder de la oposición venezolana, el rival de Maduro, el adalid de la democracia y la libertad de Venezuela, el presidente interino del país, jefe de un supuesto gobierno reconocido por un conjunto de países en el mundo pero sin capacidad ni poder para actuar en el territorio venezolano.

Pero las costuras no tardarían en evidenciarse y los rasgos que azotaban a la oposición antes de las dosis de oxígeno inyectadas por EEUU terminarían por surgir de nuevo, imponerse y hacer implosionar todo el andamiaje fabricado. Ese y no otro fue el saldo de la estrategia Guaidó en 2019. En la siguiente cronología seguiremos el rastro, comentarios y análisis de por medio, de esta trama de electroshock, control remoto y respiración boca a boca.

II

  • El 10 de enero Nicolás Maduro se juramenta para su nuevo mandato constitucional, después de haber salido ganador en las elecciones del 20 de mayo de 2018, por encima de las candidaturas de Henri Falcón y Javier Bertucci. En dichas elecciones los factores de la oposición alineados al golpismo decidieron no participar como forma de restarles legitimidad y de esconder su profunda división y la estructural ausencia de un liderazgo unitario. Acto seguido, EEUU y la OEA anuncian mediáticamente que desconocen el nuevo mandato del presidente Maduro, dando pie a la versión según la cual a partir de ese día no había presidente constitucional, legal y legítimo en Venezuela.
  • El 15 de enero, la Asamblea Nacional, que había elegido el 5 de enero como su presidente a Juan Guaidó, aprueba una Ley de Amnistía para militares que desconozcan a Maduro, en un claro llamamiento público e inconstitucional a que sectores de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana traicionen su línea de mando constitucional, según la cual su Comandante en Jefe es el presidente Nicolás Maduro, y den un golpe de Estado. Es esta una de las evidencias de cómo la oposición venezolana utilizó una institución legal y legítima, emanada de la soberanía popular, como lo es la Asamblea Nacional, no como instrumento para el ejercicio democrático de la política sino como herramienta para conspirar, precisamente, contra esa soberanía popular, confiscándola e instrumentalizándola en función de derrocar el gobierno de Maduro, y como dispositivo político para operar la injerencia, clara y abiertamente al servicio y a las órdenes de una potencia extranjera que agrede al país.
  • El 16 de enero, alineados a la trama que buscó presionar el quiebre de la institucionalidad armada venezolana, un reducido grupo de militares prófugos e inactivos, se pronuncian contra Nicolás Maduro desde Perú, sin el efecto correspondiente en Venezuela. He aquí uno de los primeros indicios de que, a pesar de la inyección de fuerza desde el exterior que ya había iniciado EEUU, la estrategia de máxima presión no lograba su objetivo en el interior del territorio venezolano.
  • El 21 de enero, un pequeño grupo de militares activos ejecutan un asalto al Cuartel de la Guardia Nacional ubicado en Cotiza. Se trataba de generar cuatro cosas: 1) la imagen mediática de que el gobierno de Maduro tenía a la FANB en su contra, 2) una espiral en escalada dentro de la fuerza armada, 3) el inicio de un crescendo de protestas populares de calle que permitieran construir el relato mediático de que además de la fuerza armada también el pueblo estaba contra el gobierno nacional, 4) reavivar la esperanza y entusiasmo de la base social opositora más radical y proestadounidense, de cara a lo que vendría después. Aunque sí lograron el primero y cuarto objetivo a través del enorme poderío mediático a disposición del plan injerencista, no pudieron lograr ni el segundo ni el tercer objetivo: no hubo espiral de alzamientos militares similares y la protesta popular no pasó de una breve y pequeña escaramuza en el mismo barrio de Cotiza, ejecutada por un grupo de jóvenes pagados a tal efecto. Sin embargo, en los días subsiguientes se desarrollaron una serie de acciones violentas en zonas populares de Caracas, presuntamente realizadas por jóvenes de esas zonas pagados para ellos. Numerosos testimonios confirmaron esta versión. Ante el fracaso del punto 3, se desplegó una operación psicológica basada en la difusión de una serie de videos en los que se veían protestas masivas en zonas populares de otros países y de años anteriores.
  • El 23 de enero, en una plaza de Chacao, el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, se autoproclama presidente interino. Es inmediatamente reconocido como tal, vía Twitter, por Donald Trump, presidente de EEUU, y por Luis Almagro, secretario general de la OEA. Sin basamento democrático alguno, sin base legal alguna, se pretendía imponer al país un presidente títere. Ese mismo día Donald Trump inicia la amenaza militar contra Venezuela, diciendo la famosa frase: “Todas las opciones están sobre la mesa”. Ese mismo día Nicolás Maduro ordena el retiro de los funcionarios de la embajada de EEUU en un plazo no mayor de 72 horas.
  • El 24 de enero, se convoca una reunión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA para tratar el tema Venezuela, con el objetivo de lograr el reconocimiento de Juan Guaidó como presidente de Venezuela. En dicha reunión EEUU se anota su primer revés: 16 países reconocen a Guaidó como presidente de Venezuela, pero 18 siguen reconociendo a Nicolás Maduro. La estrategia de máxima presión diplomática y aislamiento internacional comenzaba en sus propios inicios a evidenciar debilidad.
  • El 25 de enero se cumple la orden de Maduro de la salida del personal de la embajada de EEUU en Venezuela, luego de dos días de tensión en torno a la matriz mediática de que EEUU rechazaría la rden de Maduro por no considerarla válida en la medida de que no lo reconocían como presidente sino a Juan Guaidó. Si el personal recibía la orden de permanecer en la embajada Maduro se vería forzado a alguna acción de fuerza para obligar el cumplimiento de la orden y eso podía dar lugar a acciones de fuerza por parte de EEUU. Finalmente, una caravana de seguridad escolta a los funcionarios hasta su partida del país.
  • El 26 de enero toca el turno al Consejo de Seguridad de la ONU. Allí Estados Unidos y otros países alineados a sus intereses plantean un ultimátum para que Maduro llame a elecciones en un plazo 8 días o el organismo reconocería a Guaidó como presidente. China, Rusia y un numero mayoritario de países impiden que la propuesta de EEUU sea aprobada. Sin embargo, al margen de la institucionalidad de la ONU, EEUU y países de la Unión europea,como España, Francia y Alemania, mantienen el ultimátum.
  • El 27 de enero se lanza una nueva escalada en la campaña político mediática de presión hacia la FANB para que se quiebre y traicione a Maduro y a la Constitución. Plantean que los seguidores de Guaidó entreguen la Ley de Amnistía en cuarteles y puestos militares, en una clara provocación con la pretensión de construir mediáticamente el relato de que un pueblo pacífico busca que los militares se pongan de su lado en la recuperación de la libertad y la democracia. Esta acción fracasa estrepitósamente, al punto que solados y militares activos, luego de recibir la ley la queman en la calle, en clara señal de rechazo, al tiempo que Maduro es televisado desde el estado Aragua encabezando una muy grande movilización de soldados, acompañado del ministro de defensa Vladimir Padrino.

En este punto, a pesar del despliegue en la campaña de agresión diplomática y de la presión interna para buscar un quiebre en la FANB, el plan de EEUU no lograba mayores resultados, más allá del sometimiento de la población venezolana a altísimos niveles de presión y terrorismo mediático y psicológico. Es necesario señalar que a la par de todos estos acontecimientos se desplegaba en todo el territorio nacional, a través de redes sociales y de whatssap, una gigantesca operación psicológica que pretendió inocular en la población venezolana la idea de la inminencia de una guerra, esto, en dos vertientes: 1) la esperanzada necesidad de una guerra para salir del gobierno de Maduro, dirigida al pueblo venezolano opositor, y 2) generar terror en las filas chavistas ante la inminencia de una guerra que acabaría con las aspiraciones populares de paz y estabilidad.

Ante la ausencia del quiebre militar e institucional que las fuerzas injerencistas esperaban, se activa el desarrollo de una nueva fase en el incremento de la presión externa y la inyección y de fuerza concreta desde el exterior.

  • El 28 de enero, altos portavoces del gobierno de EEUU anuncian el congelamiento de 7 mil millones de $ en activos pertenecientes a Citgo, así como el bloqueo de 11 mil millones de $ en cuentas por cobrar de PDVSA. Además del robo concreto de estas riquezas de Venezuela, se buscaba con esta acción, por un lado, golpear y debilitar al gobierno nacional, por otro, una demostración de compromiso y de hasta dónde estaban dispuestos a llegar, de cara a favorecer el trabajo interno de presión sobre la FANB, la institucionalidad y la unidad de las fuerzas políticas favorables al gobierno, y por otro lado, se buscaba elevar el ánimo y la esperanza de la base social opositora.
  • El 29 de enero, el Tribunal Supremo de Justicia prohíbe a Guaidó salir del país y congela sus cuentas, e inicia una investigación por «usurpar» funciones de Maduro. Washington advierte que actuará contra cualquier «daño» a Guaidó. Esta acción del TSJ es una clara demostración de que la institucionalidad venezolana no cede ante las presiones para quebrar la unidad del Estado y cuadrarse ante la intervención golpista.
  • El 1 de febrero, a través de distintos medios de comunicación y redes sociales, EEUU reitera que «todas las opciones están sobre la mesa» para «restaurar la democracia», y prohíbe a entidades extranjeras que comercian con PDVSA utilizar el sistema financiero estadounidense desde el 28 de abril. Arreciaba así la vía económica y financiera de la presión ante el fracaso de las anteriores acciones.
  • El 2 de febrero, el general de la aviación Francisco Yáñez desconoce públicamente a Maduro. Se trata esta vez de un militar de alto rango. Sin embargo, su soledad es total. No prende su llamado insurreccional. Sigue sin quebrarse la unidad de la FANB en torno a Maduro y la constitución.  
  • El 4 de febrero el Grupo de Lima declara apoyo a Guaidó. También lo hace una veintena de países europeos, tras el ultimátum de que lo harían si Maduro no convocaba a elecciones. Arreciaba con esta acción la presión diplomática y la estrategia de aislamiento a Venezuela.
  • Del 6 al 10 de febrero se da una feroz escalada de la campaña mediática en torno a una supuestamente inminente invasión militar, basada en acciones militares intimidatorias reales. Circulan noticias de movimientos militares estadounidenses en bases navales de Florida y Puerto Rico. Por esos días se levantaba también la matriz mediática sobre la necesidad de introducir en el país una supuesta ayuda humanitaria para atender la supuesta crisis humanitaria en Venezuela. Pretende construirse mediáticamente la imagen de una oposición bienhechora, de un EEUU bienhechor, que quieren ayudar al pueblo venezolano, y un gobierno criminal e inhumano dispuesto a impedir por la fuerza la llegada de esa ayuda.
  • El 7 de febrero se difunde la “noticia” de que medicinas y alimentos enviados por Estados Unidos llegan a Cúcuta, Colombia. Se trata, en realidad, del inicio de la megaoperación psicológica y de propaganda militar que concluiría el 23 de febrero.
  • El 12 de febrero Juan Guaidó anuncia que el 23 de febrero entrará, si es necesario por la fuerza, la ayuda humanitaria. El discurso es acompañado del llamado a los militares a “permitir” el ingreso de la supuesta ayuda. Días después, Maduro cierra tráfico aéreo y marítimo con Curazao y la frontera terrestre con Brasil, donde también se ha anunciado que se almacena la supuesta ayuda.
  • El 20 de febrero, el Jefe del Comando Sur de EEUU, Craig Faller, amenaza militarmente a Venezuela en el contexto del tema de la ayuda humanitaria. Dice literalmente, dirigiéndose a la FANB: “Ustedes serán responsables de lo que pueda pasar. Hagan lo correcto y salven a su país y a su gente. Todas las opciones están sobre la mesa”.
  • El 22 de febrero se realiza en Cúcuta el supuesto concierto para recaudar ayuda para Venezuela. Se había anunciado con bombos y platillos la participación de grandes estrellas de la música en el mundo, lo cual resultó ser falso. Guaidó aparece en Cúcuta sorpresivamente, junto a presidentes de Colombia, Chile y Paraguay, violando la prohibición de salida del país.
  • El 23 de febrero tiene lugar el evento que trascendería como la Batalla de los Puentes. Ese día, con la excusa del ingreso de la supuesta ayuda humanitaria, se intentó violentar desde Colombia la soberanía territorial venezolana a través del Puente Internacional de Tienditas. Un grupo de supuestos jóvenes opositores (después se demostró la utilización de delincuentes pagados) queman los dos camiones en los que supuestamente se transportaba la ayuda humanitaria, pretendiendo responsabilizar a la Guardia Nacional Bolivariana. El plan pretendía que las imágenes de la ayuda humanitaria siendo quemada por la FANB generara la indignación mundial y de la población venezolana que debía iniciar con ello una escalada de protesta social de calle, así como la indignación de factores militares que tomaran sus armas y desconocieran a Maduro. Paralelamente, se utilizaron mercenarios que debían violentar la soberanía, cruzar los límites fronterizos y abrir camino para que una ola de gente se avalanzara sobre nuestro límite fronterizo y construir con ello el relato de que una fuerza popular había logrado penetrar en el país para que se introdujera la supuesta ayuda humanitaria. Nada de eso se logró. La resistencia que ofrecieron, en Tienditas y en poblaciones aledañas como Ureña, la FANB destacada en el sitio, en unidad cívico militar con luchadores sociales que estuvieron presentes en el sitio, impidieron la violación de nuestro territorio. Ese mismo día, es encontrado drogado en un motel en Colombia el diputado y hombre de confianza de Guiadó, Freddy Superlano; su primo muere de una sobredosis esa misma madrugada.

El fracaso de esta megaoperación diseñada por EEUU para que fuera el clímax, el punto máximo de la presión que forzara el quiebre, marca un punto de inflexión de todo el plan injerencista, pero no en la dirección esperada por EEUU y los golpistas, sino, al contrario, a favor de la estrategia de resistencia del gobierno y de las fuerzas políticas y populares que apoyan a Maduro en contra de la agresión. De aquí en adelante, por más que arreciaron las presiones económicas y diplomáticas, ya no hubo vuelta atrás, el tiempo empezó a jugar fuerte en contra de Guaidó, sus promesas y expectativas empezaron cada vez a ser menos creíbles y confiables, así como la supuesta amenaza militar de EEUU. El desinfle se inició este día y ya no hubo cómo detenerlo.

  • El 25 de febrero cerca de 60 hombres armados atacaron el puesto fronterizo de la Guardia Nacional Bolivariana, ubicado en La Mulata, Táchira. El ataque fue atribuido a una unidad paramilitar.
  • El 26 de febrero se realiza una nueva sesión extraordinaria del Consejo de Seguridad de la ONU para tratar el tema Venezuela. Rusia y China vetan el proyecto de resolución introducido por EEUU que buscaba imponer la realización de elecciones «justas» en Venezuela.Guiadó pide al gobierno británico no permitir sacar del Banco de Inglaterra las 31 toneladas de lingotes de oro valoradas en $21.000 millones pertenecientes a las reservas extranjeras del Banco Central de Venezuela – BCV.
  • El 1 de marzo Estados Unidos sanciona a seis altos funcionarios de seguridad del gobierno venezolano y revoca visas de 49 personas cercanas al presidente Maduro. Luego suma a otras 77 personas. Esta acción apunta a la línea de presionar el quiebre de la unidad interna tanto institucional como política del chavismo.
  • El 4 de marzo Guaidó regresa a Venezuela. Se genera toda una trama mediática de tensión en torno a la posible detención suya al ingresar, puesto que había violado la prohibición de salida del país dictada por el TSJ. Sin embargo, entra sin problemas por el aeropuerto de Maiquetía, en donde es recibido en el aeropuerto por el encargado de negocios de EEUU, James Story, y por una delegación de embajadores de países de la Unión Europea (UE) en Venezuela. Se esperaba que el anuncio y las tensiones mediáticas construidas en torno a la llegada de Guaidó al país generaran amplias movilizaciones de su base social, lo cual no ocurrió, como un claro signo del proceso de desmovilización y frustración que nuevamente se apoderaba de la base social opositora.
  • El 7 de marzo ocurre una caída general del servicio eléctrico en todo el territorio nacional de Venezuela. Autoridades gubernamentales señalaron que se trató de un ataque terrorista perpetrado como parte de la agresión de EEUU contra el país. Mike Pompeo responsabilizó a Maduro de la caída del servicio. Guaidó llama a protestas callejeras. Elliot Abrams, al señalar que el apagón afectaba “la seguridad en un país ya peligroso” hacía un velado llamado a una escalada violenta. A pesar de la enorme tensión generada, de las dificultades concretas causadas por la ausencia de energía eléctrica, el orden público y la paz del país no se ven alteradas en lo absoluto a lo largo de los 6 días que tardó el restablecimiento del servicio. El 25 y 29 de marzo se repetiría la misma situación sin la esperada consecuencia por las fuerzas injerencistas de que pudieran ser el inicio de un estallido social.
  • El gobierno venezolano informa del desmantelamiento de un grupo terrorista integrado por mercenarios colombianos y centroamericanos, el cual tenía como objetivo, según el propio presidente Maduro, atacar cuarteles, hospitales, el metro, entre otros objetivos.
  • El 28 de marzo Guaidó es inhabilitado por la Contraloría General de la República para ejercer cualquier cargo público, al negarse a rendir explicaciones y cuentas sobre más de 310 millones de bolívares en viajes y de 260,4 millones de bolívares en alojamientos dentro y fuera del territorio venezolano. Nueva acción que evidencia la fortaleza de la unidad institucional interna.
  • El 2 de abril, la Asamblea Nacional Constituyente aprueba allanar la inmunidad parlamentaria de Juan Guaidó, en cumplimiento del exhorto realizado por el TSJ.
  • El 15 de abril, aproximamente 160 personas, entre militares desertores y familiares, fueron desalojados a la fuerza del Hotel Acora en Cúcuta, por una deuda de $20.000 que militantes de Guiadó no pagaron. Comenzaba a saberse con ello el abandono y la traición de las fuerzas políticas guaidocistas a los militares que habían convocado a rebelarse ofreciéndoles innumerables garantías económicas y de seguridad.
  • El 17 de abril Estados Unidos impone sanciones contra el Banco Central de Venezuela.
  • 19 de abril, día que se celebra en Venezuela la Declaración de Independencia, Guaidó convoca a una marcha en Venezuela para el 1° de mayo, en la cual se exigiría «el cese definitivo de la usurpación». Se traba de levantar nuevamente la confianza y credibilidad herida de muerte luego del 23 de febrero.
  • El 26 de abril Estados Unidos impone sanciones financieras a Jorge Arreaza, Canciller de Venezuela. Rusia pide «poner fin a la política del chantaje» en defensa de Maduro.
  • El 28 de abril entran en vigor sanciones estadounidenses que prohíben compra de crudo a PDVSA.
  • El 30 de abril un grupo de militares se alza contra el gobierno frente a la sede de la Base Áerea de La Carlota. El primer video que circuló en la madrugada anunciando el alzamiento militar se grabó de gorma que pareciera que Guaidó, Leopoldo López y los militares golpitas estaban dentro de la base aérea. Casi de inmediato se demostró que era falso y el levantamiento fue controlado de manera casi inmediata. La denominada Operación Libertad tuvo como único resultado positivo para sus autores la fuga de Leopoldo López de su prisión domiciliaria.
  • El 4 de mayo es perpetrada una emboscada contra una comisión militar mixta. Hombres fuertemente armados causaron la muerte de 3 efectivos militares.
  • El 18 de junio enviados de Guaidó son acusados de apropiarse de los fondos que EEUU y la Usaid había destinado a supuesta ayuda humanitaria. Estas acusaciones fueron ampliamente sustentadas con facturas y otros soportes y generó la “separación” del cargo de diversos hombres y mujeres designados por Guaidó. Carlos Vecchio, “embajador en EEUU” designado por el autoproclamado fue acusado de alterar la caja de Citgo y robar $ 70 millones.
  • El 21 de junio la Alta Comisionada de la ONU para los DDHH, Michele Bachelet, visita Venezuela, donde se reúne con el presidente Nicolás Maduro. También se reúne con Juan Guaidó, dejando claro que este no era ningún presidente interino sino el presidente de la Asamblea Nacional. Este, a pesar de hacer un llamado a la protesta para ese día, no pudo reunir más de 300 personas.
  • El 23 de julio Guiadó convocó a una “sesión de la Asamblea Nacional” fuera del hemiciclo de la misma, está vez en la Plaza Alfredo Sadel. Seguían los intentos para levantar nuevamente el entusiasmo y la capacidad de movilización de su base social. Sin embargo, nuevamente, la asistencia a la convocatoria fue pírrica.
  • El 12 de septiembre circulan por todo el mundo una serie de fotos de Guiadó junto a Jhon Jairo Durán Contreras, alias El Menor, y Alberto Lobo Quintero, alías Brother, ambos miembros de la banda paramilitar Los Rastrojos. Circulan además informes periodísticos que relatan la participación de este banda paramilitar en la operación para que Guaidó cruzara hacia Colombia y llegara a Cúcuta el pasado 23 de febrero.
  • El 19 de septiembre aparecen más fotos de Guiadó junto a miembros de Los Rastrojos. Se confirma la vinculación de Guaidó y EEUU con el narcoparamilitarismo colombiano y cómo éste es utilizado en la operación injerencista contra Venezuela.
  • El 16 de noviembre sucede el último estertor político de Juan Guaidó, con el lanzamiento de una nueva convocatoria a movilización en la cual, según se publicitó, esta vez sí caería Maduro. El llamado se difundió mediáticamente como “Venezuela despierta”. El resultado fue mínimo y cerró frente a la embajada de Bolivia para apoyar el golpe de Estado contra Evo Morales, con una convocatoria mínima.
  • El 29 de noviembre, Humberto Calderón Berti, recientemente destituido de su papel como embajador de Guaidó en Colombia, denuncia corrupción en el uso de los fondos de la supuesta ayuda humanitaria, señalando específicamente que fue utilizada en lujos, prostitutas y alcohol. Dicha denuncia fue sustentada por documentos entregados por autoridades colombianas.
  • El 30 de noviembre, como consecuencia de las múltiples y diversas acusaciones de corrupción hacia Guaidó y su entorno, Freddy Superlano, anuncia su “separación” de la presidencia de la Comisión de Contraloría del Parlamento.
  • El 1 de diciembre es publicado en un conocido medio opositor un informe periodístico revela un entramado de corrupción que involucra a 10 diputados cercanos a Guaidó, en su mayoría pertenecientes a la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional.
  • El 22 de diciembre es atacado el 13 Batallón de Infantería Selva Mariano Montilla, en el estado Bolívar, al sur de Venezuela en la frontera con Brasil. Dicho asalto dejó el saldo de 120 fusiles de asalto robados y nueve lanzacohetes, así como el fallecimiento de un soldado. Días después el ataque fue reivindicado por un grupo de desertores.

III

El año 2019 cierra, así, con un saldo rojo para el plan diseñado por EEUU para derrocar la revolución bolivariana, en el cual el instrumento central fue la fabricación de Juan Guaidó como supuesto presidente interino de Venezuela y líder de la oposición venezolana. Por un lado, la demostración de fuerza y unidad del bloque chavista y patriótico fue determinante para que no cuajara el plan injerencista: la dirección política no se quebró, la FANB no se quebró, los poderes públicos no se quebraron, las estructuras de gobierno nacional, regional y municipal no se quebraron y se mantuvieron firmes del lado de Maduro, los factores políticos, sociales y populares preservaron la unidad en medio de las diferencias, las tensiones y las afectaciones de la crisis y el bloqueo. Por el otro lado, la incapacidad demostrada a lo largo de todo el año para concretar su oferta de caída del gobierno de Maduro, la evidente vinculación con factores del paramilitarismo colombiano y los escándalos de corrupción de hombres clave del entorno político guaidocista, terminaron por dar al traste con la esperanza y el entusiasmo de su base social, así como con la frágil unidad de las fuerzas políticas opositoras en torno a su supuesto liderazgo.

Al final del año el cuadro político de la oposición venezolana a lo interno del país era prácticamente el mismo que había dado origen al diseño estadounidense del artefacto Guaidó: 1) nuevamente cundió la desmotivación, frustración y desmovilización de su base social, 2) brotaron otra vez los intereses personales, grupales y partidistas con el correspondiente quiebre político del bloque opositor, 3)reaparece de forma creciente el desprestigio internacional de la oposición venezolana, 4) emergieron con mayor fuerza los factores políticos opositores que rechazan la injerencia de EEUU y el bloqueo, que reconocen a Maduro como presidente y están dispuestos a encontrar una salida dialogada y nacional al conflicto político y la grave situación económica del país.

Una de las máximas expresiones de esta implosión de las fuerzas políticas de la oposición es lo ocurrido el 05 de enero de este nuevo año 2020, día en que debía ser electa la nueva directiva de la Asamblea Nacional. Un sector importante de esa oposición decide postular para la directiva una lista distinta a la encabezada por Guaidó, quien ante la posibilidad concreta de no tener los votos para imponerse en la reelección de la presidencia de la AN decide construir una nueva operación mediática según la cual se le impidió por la fuerza participar en la sesión parlamentaria. La sesión se realizó sin su presencia y se eligió una nueva directiva en la cual quedó como presidente de la AN a Parra. Por su parte, Guaidó realizó una sesión paralela en la que él fue reelecto y también su lista.

Más allá de los análisis sobre la legitimidad o legalidad de la conformación de la directiva de la AN con Parra a la cabeza y de la conformada por Guaidó de forma paralela, el asunto a resaltar en este análisis es que este conflicto pone de relevancia nuevamente la fractura de la oposición y viene a ser un factor más que se suma a la pérdida de fuerza interna de Guaidó. Quedó en evidencia de forma clara que Guaidó necesitaba imponerse por la vía que fuera como presidente de la AN para conservar el apoyo de EEUU y está claro que EEUU estaba dispuesto a seguir apoyando a Guaidó, para lo cual no necesita en lo absoluto verdadera legalidad y legitimidad de Guaidó en Venezuela.

Es mucho lo invertido en el artefacto Guaidó como para dejarlo morir a pesar de que sea prácticamente un fantasma. Es mucho, sobre todo en el entramado mediático y diplomático construido principalmente en Europa y América. De allí que: 1) el mismo 5 de enero el subsecretario para América Latina se pronunciara reconociendo a Guaidó como presidente de la AN y como presidente interino del país: 2) el06 de enero Elliot Abrams reafirmara el apoyo de EEUU a Guiadó y anunciara que seguirán financiando a través de USAID no sólo el accionar político sino el de factores mediáticos alineados a su política, 3) el 07 de enero Carrie Filipetti, subsecretaria adjunta del departamento de Estado para Cuba y Venezuela advierte que Estados Unidos tomará medidas si Guaidó es arrestado, y 4) el 20 de enero Mike Pompeo, secretario de Estado de EEUU, se reuniera con Guaidó, reafirmando lo dicho por Abrams y prometiendo más acciones contra el gobierno bolivariano.

Sin embargo, contra esa necesidad vital de Guaidó atenta el nuevo escenario de EEUU este 2020. La dedicación y concentración puesta por EEUU a la agresión venezolana pareciera que no contará este año con la misma intensidad, en la medida en que sus prioridades estratégicas están puestas más en el Medio Oriente, con la escalada de tensión generada en Irán con el asesinato del General Soleimani, y en el escenario político interno determinado por el impeachment y las elecciones presidenciales. Lo mismo ocurre con sus países aliados en América Latina, ya que en todos existen profundas crisis sociales, rebeliones populares que marcan prioridades en su accionar político. La fuerza diplomática obtenida por Guaidó en 2019 a nivel latinoamericano no será la misma en 2020, sobre todo si sumamos que México y Argentina no están hoy alineados a las directrices de EEUU. Las recientes declaraciones de Uruguay, que señalan que no reconocen a Guaidó como presidente de Venezuela a pesar de tratarse de un gobierno de derecha, parecen corroborar esta hipótesis.

Este análisis lo confirma la reciente gira de Guaidó por Canadá y Europa. Se trata de buscar oxígeno en el único lugar donde lo tiene: fuera de Venezuela, en los gobiernos e instituciones internacionales alineadas a EEUU, para de allí poder construir alguna imagen de apoyo y fortaleza que le permita, primero, mantenerse a flote, generar noticias de alguna relevancia, y segundo, con base en la demostración de la pervivencia de esos apoyos internacionales hacer luego el esfuerzo de tejer nuevamente los apoyos internos que permitan restituirle algo de la fuerza interna perdida, así como impregnar nuevamente su imagen de ese apoyo exterior para reavivar la esperanza y motivación de su base social. Todo ello luce bastante cuesta arriba, toda vez que los resultados de esta gira europea no evidencian en realidad ese tan necesario apoyo internacional que necesita demostrar. Así, la perveniencia del artefacto Guaidó como supuesto líder unitario de las fuerzas opositoras venezolanas y de su base social luce bastante difusa, sobre todo de cara a los nuevos escenarios políticos que se avecinan en Venezuela, los cuales estarán determinados por la realización de elecciones parlamentarias.

Todo indica el retorno de la oposición al mismo punto en que estaba antes de la fabricación y lanzamiento del artefacto Guaidó. De hecho, los niveles de frustración y desmovilización de su base social son aún mayores. Pero parece claro que, aunque con menos fuerza, EEUU no abandonará el apoyo a Guaidó y la estrategia trazada en torno suyo. ¿Cómo harán para devolverle la relevancia que se le logró construir a principios de 2019? ¿Qué están dispuestos a hacer para ello? ¿Qué opciones le quedan? ¿Están obligados a negociar con el gobierno venezolano una vez que se demostraron sus fortalezas? ¿Esa negociación qué podría implicar en términos económicos?

Por otro lado, queda la opción de las acciones militares encubiertas, las cuales se enfrentarían con el rechazo mayoritario que la población venezolana, incluso la opositora, tiene hacia la violencia como forma de abordar el conflicto político, además del hecho de que no le servirían a Guaidó para capitalizarlas políticamente. Para levantar su bastante deteriorado perfil Guaidó necesitaría de mucho más en apoyo internacional y de acciones mediáticas de gran envergadura que tampoco parecen factibles de generar. No luce nada prometedor el panorama para el títere y para la estrategia diseñada por EEUU con su fabricación. Pareciera, así, abrirse finalmente la puerta para un camino más nacional, institucional y dialogado para la superación de la crisis política de Venezuela. Amanecerá y veremos.

Trabajo elaborado por el equipo de redacción de Prensa CRBZ: Eduardo Viloria Daboín, Carolina Cruz y Matías Pacheco.

Fuente:

CRBZ – Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

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