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Categoría: Venezuela

I

A comienzos de 2019 la oposición venezolana no representaba la menor amenaza para la estabilidad política del país. Después del fracaso rotundo de la aventura golpista, violenta y fascista de 2017, entró en una espiral indetenible de desmoronamiento político. Los rasgos que la caracterizaban para aquel momento eran 1) ausencia absoluta de dirigentes que pudieran convocar y movilizar unitariamente las organizaciones, los partidos y la base social opositora, 2) rechazo creciente de toda su dirigencia por parte de su base social, 3) división, fragmentación y conflictos internos, 4) descontento, desilusión y desmovilización de sus bases, 5) inexistencia de discurso propio y proyecto de país, 6) incapacidad para calar en los sectores populares y llegarle a las grandes mayorías del país, 7) pérdida de prácticamente todos los espacios de poder formal y legitimidad popular, 8) descrédito internacional.Ese cuadro significaba que las fuerzas políticas opositoras nacionales carecían en lo absoluto de la fuerza mínima necesaria para emprender acciones contundentes en contra del gobierno de Nicolás Maduro.

He allí la razón por la que Estados Unidos, consciente de esta realidad y consecuente con su empeño de derrocar la revolución bolivariana, diseña y fabrica el artefacto Juan Guaidó, el cual requiere, como combustible fundamental para existir y funcionar, la permanente inyección de oxígeno y fuerza concreta desde el exterior del territorio venezolano por parte del gobierno estadounidense, de las instituciones internacionales alineadas a sus intereses y de los gobiernos serviles a las élites del poder norteamericano.

Así, los más altos representantes del gobierno de los Estados Unidos asumen frontal y directamente, sin intermediarios, 1) la conducción de las acciones opositoras, el alineamiento y conducción del entramado diplomático y de presión política internacional contra Venezuela, 2) la operacionalización de su institucionalidad política, económica y militar para presionar y agredir a Venezuela, 3) la emisión permanente de discursos, órdenes y acciones de cara al derrocamiento del gobierno de Nicolás Maduro. La guerra híbrida que desde hacía años libraba Estados Unidos contra Venezuela desde la sombra, tras bastidores, sin poner la cara, pasa ahora a ser conducida y ejecutada, en todos sus ámbitos y niveles, directamente por el gobierno de los Estados Unidos, en las figuras de sus más altos funcionarios gubernamentales y en otros designados adhoc para las tareas concretas de la agresión a Venezuela.

Sólo así fue posible levantar una figura dirigente y darle relevancia nacional e internacional, lograr que las fuerzas políticas opositoras y su base social más radicalizada y proestadounidense se aglutinaran y tuvieran cohesión y unidad de acción. Era tal la ausencia de liderazgo, la desmovilización, el desencanto y la debilidad de las filas opositoras, que EEUU tuvo que asumir frontalmente ese liderazgo y transferirlo a algún dirigente opositor venezolano que ejecutara en el país las acciones por ellos diseñadas y dirigidas. Así, de ser un minúsculo y casi desconocido diputado del estado Vargas electo con menos de 100 mil votos, Juan Guaidó pasó a ser el ungido líder de la oposición venezolana, el rival de Maduro, el adalid de la democracia y la libertad de Venezuela, el presidente interino del país, jefe de un supuesto gobierno reconocido por un conjunto de países en el mundo pero sin capacidad ni poder para actuar en el territorio venezolano.

Pero las costuras no tardarían en evidenciarse y los rasgos que azotaban a la oposición antes de las dosis de oxígeno inyectadas por EEUU terminarían por surgir de nuevo, imponerse y hacer implosionar todo el andamiaje fabricado. Ese y no otro fue el saldo de la estrategia Guaidó en 2019. En la siguiente cronología seguiremos el rastro, comentarios y análisis de por medio, de esta trama de electroshock, control remoto y respiración boca a boca.

II

En este punto, a pesar del despliegue en la campaña de agresión diplomática y de la presión interna para buscar un quiebre en la FANB, el plan de EEUU no lograba mayores resultados, más allá del sometimiento de la población venezolana a altísimos niveles de presión y terrorismo mediático y psicológico. Es necesario señalar que a la par de todos estos acontecimientos se desplegaba en todo el territorio nacional, a través de redes sociales y de whatssap, una gigantesca operación psicológica que pretendió inocular en la población venezolana la idea de la inminencia de una guerra, esto, en dos vertientes: 1) la esperanzada necesidad de una guerra para salir del gobierno de Maduro, dirigida al pueblo venezolano opositor, y 2) generar terror en las filas chavistas ante la inminencia de una guerra que acabaría con las aspiraciones populares de paz y estabilidad.

Ante la ausencia del quiebre militar e institucional que las fuerzas injerencistas esperaban, se activa el desarrollo de una nueva fase en el incremento de la presión externa y la inyección y de fuerza concreta desde el exterior.

El fracaso de esta megaoperación diseñada por EEUU para que fuera el clímax, el punto máximo de la presión que forzara el quiebre, marca un punto de inflexión de todo el plan injerencista, pero no en la dirección esperada por EEUU y los golpistas, sino, al contrario, a favor de la estrategia de resistencia del gobierno y de las fuerzas políticas y populares que apoyan a Maduro en contra de la agresión. De aquí en adelante, por más que arreciaron las presiones económicas y diplomáticas, ya no hubo vuelta atrás, el tiempo empezó a jugar fuerte en contra de Guaidó, sus promesas y expectativas empezaron cada vez a ser menos creíbles y confiables, así como la supuesta amenaza militar de EEUU. El desinfle se inició este día y ya no hubo cómo detenerlo.

III

El año 2019 cierra, así, con un saldo rojo para el plan diseñado por EEUU para derrocar la revolución bolivariana, en el cual el instrumento central fue la fabricación de Juan Guaidó como supuesto presidente interino de Venezuela y líder de la oposición venezolana. Por un lado, la demostración de fuerza y unidad del bloque chavista y patriótico fue determinante para que no cuajara el plan injerencista: la dirección política no se quebró, la FANB no se quebró, los poderes públicos no se quebraron, las estructuras de gobierno nacional, regional y municipal no se quebraron y se mantuvieron firmes del lado de Maduro, los factores políticos, sociales y populares preservaron la unidad en medio de las diferencias, las tensiones y las afectaciones de la crisis y el bloqueo. Por el otro lado, la incapacidad demostrada a lo largo de todo el año para concretar su oferta de caída del gobierno de Maduro, la evidente vinculación con factores del paramilitarismo colombiano y los escándalos de corrupción de hombres clave del entorno político guaidocista, terminaron por dar al traste con la esperanza y el entusiasmo de su base social, así como con la frágil unidad de las fuerzas políticas opositoras en torno a su supuesto liderazgo.

Al final del año el cuadro político de la oposición venezolana a lo interno del país era prácticamente el mismo que había dado origen al diseño estadounidense del artefacto Guaidó: 1) nuevamente cundió la desmotivación, frustración y desmovilización de su base social, 2) brotaron otra vez los intereses personales, grupales y partidistas con el correspondiente quiebre político del bloque opositor, 3)reaparece de forma creciente el desprestigio internacional de la oposición venezolana, 4) emergieron con mayor fuerza los factores políticos opositores que rechazan la injerencia de EEUU y el bloqueo, que reconocen a Maduro como presidente y están dispuestos a encontrar una salida dialogada y nacional al conflicto político y la grave situación económica del país.

Una de las máximas expresiones de esta implosión de las fuerzas políticas de la oposición es lo ocurrido el 05 de enero de este nuevo año 2020, día en que debía ser electa la nueva directiva de la Asamblea Nacional. Un sector importante de esa oposición decide postular para la directiva una lista distinta a la encabezada por Guaidó, quien ante la posibilidad concreta de no tener los votos para imponerse en la reelección de la presidencia de la AN decide construir una nueva operación mediática según la cual se le impidió por la fuerza participar en la sesión parlamentaria. La sesión se realizó sin su presencia y se eligió una nueva directiva en la cual quedó como presidente de la AN a Parra. Por su parte, Guaidó realizó una sesión paralela en la que él fue reelecto y también su lista.

Más allá de los análisis sobre la legitimidad o legalidad de la conformación de la directiva de la AN con Parra a la cabeza y de la conformada por Guaidó de forma paralela, el asunto a resaltar en este análisis es que este conflicto pone de relevancia nuevamente la fractura de la oposición y viene a ser un factor más que se suma a la pérdida de fuerza interna de Guaidó. Quedó en evidencia de forma clara que Guaidó necesitaba imponerse por la vía que fuera como presidente de la AN para conservar el apoyo de EEUU y está claro que EEUU estaba dispuesto a seguir apoyando a Guaidó, para lo cual no necesita en lo absoluto verdadera legalidad y legitimidad de Guaidó en Venezuela.

Es mucho lo invertido en el artefacto Guaidó como para dejarlo morir a pesar de que sea prácticamente un fantasma. Es mucho, sobre todo en el entramado mediático y diplomático construido principalmente en Europa y América. De allí que: 1) el mismo 5 de enero el subsecretario para América Latina se pronunciara reconociendo a Guaidó como presidente de la AN y como presidente interino del país: 2) el06 de enero Elliot Abrams reafirmara el apoyo de EEUU a Guiadó y anunciara que seguirán financiando a través de USAID no sólo el accionar político sino el de factores mediáticos alineados a su política, 3) el 07 de enero Carrie Filipetti, subsecretaria adjunta del departamento de Estado para Cuba y Venezuela advierte que Estados Unidos tomará medidas si Guaidó es arrestado, y 4) el 20 de enero Mike Pompeo, secretario de Estado de EEUU, se reuniera con Guaidó, reafirmando lo dicho por Abrams y prometiendo más acciones contra el gobierno bolivariano.

Sin embargo, contra esa necesidad vital de Guaidó atenta el nuevo escenario de EEUU este 2020. La dedicación y concentración puesta por EEUU a la agresión venezolana pareciera que no contará este año con la misma intensidad, en la medida en que sus prioridades estratégicas están puestas más en el Medio Oriente, con la escalada de tensión generada en Irán con el asesinato del General Soleimani, y en el escenario político interno determinado por el impeachment y las elecciones presidenciales. Lo mismo ocurre con sus países aliados en América Latina, ya que en todos existen profundas crisis sociales, rebeliones populares que marcan prioridades en su accionar político. La fuerza diplomática obtenida por Guaidó en 2019 a nivel latinoamericano no será la misma en 2020, sobre todo si sumamos que México y Argentina no están hoy alineados a las directrices de EEUU. Las recientes declaraciones de Uruguay, que señalan que no reconocen a Guaidó como presidente de Venezuela a pesar de tratarse de un gobierno de derecha, parecen corroborar esta hipótesis.

Este análisis lo confirma la reciente gira de Guaidó por Canadá y Europa. Se trata de buscar oxígeno en el único lugar donde lo tiene: fuera de Venezuela, en los gobiernos e instituciones internacionales alineadas a EEUU, para de allí poder construir alguna imagen de apoyo y fortaleza que le permita, primero, mantenerse a flote, generar noticias de alguna relevancia, y segundo, con base en la demostración de la pervivencia de esos apoyos internacionales hacer luego el esfuerzo de tejer nuevamente los apoyos internos que permitan restituirle algo de la fuerza interna perdida, así como impregnar nuevamente su imagen de ese apoyo exterior para reavivar la esperanza y motivación de su base social. Todo ello luce bastante cuesta arriba, toda vez que los resultados de esta gira europea no evidencian en realidad ese tan necesario apoyo internacional que necesita demostrar. Así, la perveniencia del artefacto Guaidó como supuesto líder unitario de las fuerzas opositoras venezolanas y de su base social luce bastante difusa, sobre todo de cara a los nuevos escenarios políticos que se avecinan en Venezuela, los cuales estarán determinados por la realización de elecciones parlamentarias.

Todo indica el retorno de la oposición al mismo punto en que estaba antes de la fabricación y lanzamiento del artefacto Guaidó. De hecho, los niveles de frustración y desmovilización de su base social son aún mayores. Pero parece claro que, aunque con menos fuerza, EEUU no abandonará el apoyo a Guaidó y la estrategia trazada en torno suyo. ¿Cómo harán para devolverle la relevancia que se le logró construir a principios de 2019? ¿Qué están dispuestos a hacer para ello? ¿Qué opciones le quedan? ¿Están obligados a negociar con el gobierno venezolano una vez que se demostraron sus fortalezas? ¿Esa negociación qué podría implicar en términos económicos?

Por otro lado, queda la opción de las acciones militares encubiertas, las cuales se enfrentarían con el rechazo mayoritario que la población venezolana, incluso la opositora, tiene hacia la violencia como forma de abordar el conflicto político, además del hecho de que no le servirían a Guaidó para capitalizarlas políticamente. Para levantar su bastante deteriorado perfil Guaidó necesitaría de mucho más en apoyo internacional y de acciones mediáticas de gran envergadura que tampoco parecen factibles de generar. No luce nada prometedor el panorama para el títere y para la estrategia diseñada por EEUU con su fabricación. Pareciera, así, abrirse finalmente la puerta para un camino más nacional, institucional y dialogado para la superación de la crisis política de Venezuela. Amanecerá y veremos.

Trabajo elaborado por el equipo de redacción de Prensa CRBZ: Eduardo Viloria Daboín, Carolina Cruz y Matías Pacheco.

Fuente:

CRBZ – Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

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