20 | 09 | 2019

Según los datos que obran en nuestro poder, el pasado 31 de agosto, a las 15.00, dos aviones de la Fuerza Aérea de EEUU lanzaron siete bombas de aviación guiadas contra el puesto de mando del grupo Hurras al-Din, situado a 7 kilómetros al noreste de la ciudad de Idlib. Según el portavoz oficial del Comando Central de las FFAA de EEUU, el teniente coronel Earl Brown, el golpe apuntaba contra los jefes troperos de Al Qaeda “responsables por los ataques que amenazan a ciudadanos de EEUU, sus socios y civiles”, con el fin de reducir sus capacidades para desarrollar acciones agresivas y desestabilizar esta zona. El portavoz militar estadounidense también confirmó que, puesto que “el noroeste de Siria sigue siendo un refugio para los terroristas, EEUU junto con sus aliados y socios continuarán propinando golpes contra los extremistas”.

Según la información de que dispone el Centro ruso para la reconciliación de las partes enfrentadas, EEUU asestó el golpe en violación de los acuerdos anteriores sobre el cese del fuego en Idlib. Ni la parte rusa ni la turca cuyos especialistas militares se encuentran en esta zona, fueron informadas sobre el ataque planeado. Según las informaciones que llegan, en los poblados de Maarrat Misrin y Kafer Haya, contra EEUU asestó el golpe, se registraron numerosas víctimas y destrucciones. Según los testigos oculares, entre los afectados hay niños.

Las acciones de EEUU pusieron en entredicho la observancia del “régimen del silencio”, decretado a partir de las 06.00 del 31 de agosto en la zona de distensión de Idlib. El golpe aéreo provocó el fuego contra las posiciones de las tropas gubernamentales sirias por parte de los terroristas. Ello no obstante, de momento se mantiene vigente la moratoria sobre las hostilidades para estabilizar la situación en Idlib.

Es sintomático que literalmente la víspera del ataque estadounidense en Idlib, el Departamento de Estado haya emitido una declaración sobre los resultados de las negociaciones entre el secretario de Estado, Mike Pompeo, y el enviado especial del Secretario General de la ONU para Siria, Geir Pedersen. En la misma Mike Pompeo, entre otras cosas, “expresó la preocupación en relación con las horrorosas consecuencias de los ataques lanzados por el régimen de Bashar Asad y sus aliados contra la población civil, las instalaciones e infraestructura humanitarias en Idlib, recalcando la necesidad del más pronto restablecimiento del régimen de cese del fuego”.

Las inconsecuentes y contradictorias acciones de EEUU en Idlib no pueden por menos de provocar extrañeza y preocupación. De un lado, los representantes de EEUU exigen desde todas las tribunas, incluyendo la ONU, la escalada de la tirantez en Idlib, exacerban las pasiones en relación con los sufrimientos de la población civil, haciendo caso omiso de una descomunal concentración de los terroristas reconocidos como tales por el Consejo de Seguridad de la ONU. De otro, EEUU asesta golpe aéreo que causa fuertes destrucciones y víctimas. Se impone estas interrogantes: ¿en virtud de qué características las bombas estadounidenses son “mejores” que las rusas?, ¿por qué los blancos terroristas eliminados por EEUU son más legítimos que los objetivos terroristas destruidos por las tropas gubernamentales sirias apoyadas por la aviación rusa? En esta relación, esperamos que las organizaciones humanitarias de la ONU tomen en consideración las consecuencias del golpe aéreo asestado por EEUU en Idlib a la hora de redactar sus informes e informen expeditamente a los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU sobre sus consecuencias para los civiles, las instalaciones de la infraestructura civil, así como comenten cómo el golpe en cuestión se corresponde con las normas del Derecho Internacional.

Fuente:

Ministerio de Relaciones Exteriores de la Federación Rusa

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