El período en que vivimos es un período de imperialismo agresivo, de nuevas políticas liberales antilaborales y de crisis económica internacional del sistema capitalista. Esta crisis se manifiesta en todos los sectores: en la economía, en el plan social, en el medio ambiente, en la calidad de vida, la cultura y los cambios climáticos. Las crisis están en el ADN del capitalismo y por esta razón aparecen una y otra vez. Es imposible que el capitalismo resuelva los problemas de los pueblos del mundo. A esta política del capital y los imperialistas, la clase obrera mundial respondió con iniciativas y luchas en todo el mundo. Así, se han trazado nuevos caminos en la lucha clasista mediante iniciativas como las manifestaciones de niños pequeños en Pakistán contra la explotación infantil, la lucha de los docentes y los electricistas en México, de los pescadores y mineros del carbón en Chile, de los trabajadores metalúrgicos en el Perú, de los trabajadores de la construcción, de los inmigrantes en Francia y los EE.UU., de los trabajadores del transporte aéreo y terrestre y de la industria automovilística en muchos países, de los trabajadores de la industria petrolera en Nigeria, de los trabajadores en la India, la acción coordinada de militantes en Brasil y Bangladesh o las dinámicas huelgas en Grecia, Nepal, Irak, Mundo Árabe, Sudáfrica, Portugal, Turquía y muchos otros países. Millones de huelguistas en todos los continentes, la participación de los jóvenes, de mujeres y trabajadores migrantes han aportado una nueva dinámica y nuevas esperanzas. ¡La FSM siempre ha estado a la cabeza! En primera línea de batalla. Y va a seguir así, con unidad clasista y perspectiva de lucha. Contra las políticas de los monopolios y las multinacionales que crean pobreza para la mayoría y grandes beneficios para unos pocos.