Titulares

Aplastar la Conspiración y Ganar las Elecciones Imprimir Correo electrónico
Martes 25 de Agosto de 2009 10:24
La derecha y la extrema derecha otra vez están volviendo a las andadas. La segunda está arrastrando a la primera; la arrastra hacia el campo de la conspiración y la violencia, rechazando los métodos democráticos de lucha política.

Cada día se renuevan los anuncios de medidas de resistencia, de oposición “hasta las últimas consecuencias”. Todo recuerda el clima político que se dio precisamente a estas alturas el año pasado. Nuevamente se amenaza con “no garantizar” la seguridad del Presidente y de la reunión del Congreso en Sucre. El tono de la amenaza es hasta soez en boca de los dirigentes del comité interinstitucional (“no somos niñeras”, etc.) Con toda razón Coco Manto, con su fina sátira, los llamó “los de la oculta Charcas”. En efecto, una vez más desmentían su aureola de gente educada en las reglas, no digamos de la democracia, sino hasta de la simple urbanidad. Es que la gran mayoría de sus miembros estuvo comprometida en los vejámenes racistas que se propinaron a campesinos quechuas y que fueron repudiados no sólo por el país, sino por el mundo entero. Lo que quieren es rehuir al castigo que se merecen por toda la barbarie desatada. Para confirmarlo  organizan hasta marchas callejeras, en las que muestran su “cultura política”.

En el oriente, se ha reactivado la resistencia a las acciones y planes del gobierno. El martes 28, los prefectos del Beni y Santa Cruz, pretendieron reunirse en Riberalta para oponerse al traslado de “collas” a la tierras de Pando. Por supuesto no es un pretexto, esta vez se trata de una posición definidamente política. Suárez y Costas están en lo suyo: la defensa de sus intereses, la defensa de lo que ellos consideran su patrimonio: la tierra. Como han señalado las organizaciones campesinas y populares del Beni, la reunión no era otra que la reunión de los representantes de los latifundistas, de los barraqueros y ganaderos. En suma, la representación de los ricos que se oponen al saneamiento de tierras y a la distribución de las tierras fiscales a quienes no las poseen.

El 29 los paramilitares al servicio del ex Prefecto Leopoldo Fernández, volvieron a la carga en Cobija. Los representantes de las organizaciones sindicales y sociales que querían participar en una reunión del Comité Cívico fueron impedidos de hacerlo, con violencia. Un dirigente campesino fue golpeado con brutalidad por unos 25 sujetos.  

Otra razón más, para los trajines de la derecha y sus representantes, es el intento de reforzar la resistencia de los dirigentes cívicos y empresariales a ser investigados por participar en los planes separatistas, terrorismo mediante, que estaban para desarrollar con la participación de mercenarios del tipo de Rózsa y sus secuaces. El avance de las pesquisas les pone al borde de un ataque de nervios. No es para menos. Han sido desnudados y todos los velos, que cubrían sus más recónditas intenciones, se les han caído. Cada día se conocen nuevos detalles de la conspiración separatista y no pueden ocultar su participación.

Han fracasado, pues, aunque sea momentáneamente, en el terreno de la confrontación violenta. Sus técnicas terroristas no lograron mellar las estructuras del Estado ni del gobierno ni de su aparato político y de masas; fueron desmontadas a tiempo. Las investigaciones de la fiscalía han movido grandes cantidades de materiales (indicios, pruebas, testimonios) y virtualmente ha concluido con la primera fase de las pesquisas. La conclusión preliminar es inobjetable. Con métodos violentos, hasta terroristas, se quería incendiar el país; provocar tal convulsión que hasta un momento se propiciaría la intervención de “cascos azules” de la ONU, para “pacificar” a las partes. Los cascos se colocarían entre “los dos bandos” - oriente y occidente – y esa presencia se prolongaría tanto que finalmente (el oriente sin duda), se declararía independiente.

¿De dónde sale este modelo de desestructuración de países? El ejemplo más patético es Yugoslavia. Incluso se llamó a esta desintegración “la técnica del salame”. Cortar a rebanadas, una tras de otra: Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Macedonia y Montenegro. Pero antes de Montenegro estaba todavía, dentro de Serbia, Kosovo. Como los yugoslavos son tenaces, la OTAN bombardeó casi tres meses a lo que quedó de Yugoslavia y finalmente entró en Kosovo con la careta de Naciones Unidas. Siguen todavía allí. No desaprovecharon su tiempo: Le dotaron a Kosovo de una Constitución y ahora hay un Estado de bolsillo para el que buscan reconocimiento internacional. De pasó, recordemos, estuvo allí el enviado especial de la Casa Blanca, Philiph Golberg; ilustre señor que llegó a Bolivia como embajador. Buena parte del tiempo se la pasaba en Santa Cruz. Tanto se metió en lo que no debía que el gobierno boliviano lo expulsó. Por último, para rematar las cosas, llega un freelance español y acaba por revolcar a los conspiradores en el lodo de sus acciones más repudiables. Apellida Alonso y durante 14 años siguió a Rózsa el jefe del comando terrorista. Ya han chillado ante las denuncias de Alonso. Como el primer día Costas ha “gritado montaje”.        

Eso es perfectamente explicable. Mientras las derecha no extremista actúa tratando de conservar las apariencias, la segunda, desde siempre ha actuado en el terreno de la violencia, de la ilegalidad y no ha tenido reparos en proceder de esa manera.

Pero otro motivo de su desesperación es que, en el terreno de la confrontación electoral, están igualmente malparados. No llegan a unificarse, están atomizados. Tienen más de 10 posibles candidatos: desprestigiados, sin sigla, desconocidos, sin ninguna incidencia nacional. Su derrota en diciembre está asegurada.

Sin embargo, las fuerzas del cambio, los patriotas y revolucionarios tienen que estar en actividad permanente y no dormirse sobre sus laureles. Las fuerzas populares en Cobija ya han reaccionado y realizarán una marcha en defensa de la política patriótica de asentamientos y la entrega de tierras a quines la quieran trabajar. Eso es lo revolucionario. También es  revolucionario, como en Pando, Beni y Santa Cruz, perderle el miedo a una derecha cada vez más aislada y deteriorada.  

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